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Salvador Enríquez (Granada - España 1942 - Desde 1964
reside en Madrid) autor teatral de más de una veintena de
obras. Tiene algunos premios teatrales, los más recientes:
II Certamen de Textos Teatrales (Torreperogil - Jaén) 1999;
Primer Accésit en el II Premio Doña Mencía
de Salcedo 2000 (Noalejo - Jaén) y Premio Andaluz de Teatro
Breve 2001 en Málaga. Ha escrito más de medio centenar
de cuentos, algunos premiados. Ha colaborado y colabora en medios
de difusión, tanto en soporte papel como digital, con informaciones
y comentarios sobre la actualidad teatral. También publica
columnas de opinión sobre temas de actualidad.
1.-
¿Qué te ha impulsado a dedicarte a esta profesión?
Si como profesión entendemos que se vive de ello, nunca he
sido profesional del teatro, ni de la literatura. Siempre tuve que
mantener una ocupación laboral que me permitiera comer, pagar
la vivienda y esas cosas tan “prosaicas” pero necesarias,
a fin de cuentas, para tener las fuerzas necesarias de sentarse
ante los folios en blanco e intentar crear alguna historia. Pero
el impuso de dedicarme a esto debió ser (creo, ¡ha
pasado tanto tiempo!) la necesidad de escapar, por medio de la fantasía,
de la “grisura” y de la apatía que producía
la vida en este país en los años 50. Era gris, dogmática,
aburrida... ¡llena de represiones! y falta de libertades.
Entonces la libertad estaba en el pensamiento, en la creación.
2.- ¿Recuerdas tu primera experiencia artística?
Sí, mi trabajo como ayudante de dirección en un grupo
de teatro juvenil, en Granada. Pese a aquella “grisura”
de que os hablaba, éramos inquietos: representábamos
obras de Bueno Vallejo, Alfonso Saste, O’Neill...
3.- ¿A qué edad empezó tu formación
artística?
Pues tendría yo... unos 15 o 16 años.
4.- Tu mejor experiencia teatral y la peor
Bueno... sobre la mejor es difícil de explicar. Se puede
creer en un momento que lo que te ha ocurrido, aquí y ahora,
es lo mejor; pero pasa el tiempo y pierde importancia. Las escalas
de valores se alteran con el tiempo. Cuando conseguí publicar
mi primer artículo, fue en una revista universitaria, me
creía un tipo importante, ¡claro! yo era un chaval;
ahora aquello me parece pueril, pero en su momento fue “lo
mejor”.
La peor experiencia sí la recuerdo perfectamente, ya no era
tan chaval. Fue el fracaso que tuve al montar “El rabo”,
de José Ruibal. Pero todo tiene justificación: Fue
en una casa regional, en Madrid; como eran años de censura
y Ruibal está “marcado” todo fueron inconvenientes
por parte de la policía para que no hiciera la función.
No lo prohibían pero creaban problemas, uno tras otro, en
un intento de que renunciara. El último fue la presencia,
poco ante de comenzar la función a la que asistía
el autor, de lo que ellos llamaban un “funcionario”,
realmente era un inspector de Brigada Político-Social, que
se dedicó a seguir libreto en mano el texto por si alterábamos
algo. La sensación de angustia, nerviosismo y ¡hasta
temor! hizo que la función saliera hecha una pena. A la vuelta
de los años me encontré con Ruibal y le pedí
todos los perdones del mundo, pero me sonrió y es que había
comprendido la situación.
5.- ¿Qué cualidades crees que hace falta tener en
tu profesión?
Yo creo que varias: imaginación, capacidad de trabajo y...
¡saber resistir!
6.- Talento o esfuerzo. ¿Qué consideras que tiene
más importancia?
Ambas. Creo que si tienes mucho talento pero te sientas bajo la
sombra de un árbol a verlas venir nunca harás nada;
tampoco lo harás si pones todo el esfuerzo del mundo y te
faltan dotes.
7.- ¿A quién o quiénes admiras en tu profesión?
No soy mitómano. Falsearía la verdad si dijera “admiro
a tal autor”, pero sí reconozco y agradezco la influencia
de, por ejemplo, Samuel Beckett. Con él entendí que
el teatro tiene infinitos caminos de expresión, lejos de
los convencionalismos de los tres actos, de lo de “exposición,
nudo y desenlace”...
8.- ¿Que opinas sobre la situación del –teatro,
danza, dramaturgia, dirección escénica, escenografía,
pedagogía... ( elige tu campo)- en estos momentos?
Las gentes del teatro tenemos fama de llorones. De siempre oí
decir que el teatro está en crisis, pero una crisis no puede
durar eternamente. También es verdad que, en nuestra fantasía,
creemos (o deseamos) que el público va a acudir al teatro
como a los estadios de fútbol ¡es un error! Pero sí
es cierto que nos encontramos en una sociedad más inquieta
por el consumo que por la reflexión y esto hace que los supermercados
se llenen y los teatros no; por lo tanto la situación no
es buena, a menos que seas autor extranjero, con éxito comercial
en la comedia o en el musical (los productores viajan mucho a Londres
y Nueva York), autor clásico a quien nadie se atreve a discutirle
sus valores... ¡no sea que te llamen inculto! Pero ya hemos
conseguido algo: a los cómicos no se les niega el alojamiento
en los hoteles y hasta se les entierra en sagrado. Perdona broma,
pero a veces hay que tener humor para resistir en un oficio tan
arriesgado, difícil y sin los suficientes apoyos. Te hablo
como autor.
9.- ¿Qué estas haciendo ahora y cual es tu próximo
proyecto?
Concluí la adaptación a radio de una obrita corta
que se ha emitido en Buenos Aires; estoy “escribiendo mentalmente”
(al papel la pasaré cuando esté madurada) una obra
que tendrá como protagonista a un hombre mayor, jubilado,
que fue o se creyó importante pero no lo era... Más
o menos eso, pues a veces el personaje tira por unos caminos que
el autor no había previsto. Quizá ese sea uno de los
motivos que más incita a escribir.
10.- Un consejo para la gente que empieza.
Sería muy socorrido decir aquello de que “el mejor
consejo es el que no se da” pero me voy a mojar: Ser como
un corredor de fondo (creo que lo dijo hace poco Flotats) saber
aguantar y no tener prisa por llegar, pero tampoco abandonar al
primer síntoma de cansancio... ¡ni al segundo, ni al
tercero... ni al..!
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