obra nº 7 - imprimir
Ya le llamaremos
Gav
Personajes: Manuel y mujer
(Cámara negra. En escena, un hombre de mediana edad con vaqueros y camisa)
Manuel- No me propongo hacer un drama de esto,
eso es lo primero que quiero que sepáis. ¿Se acabó? Pues
se acabó, ella se lo pierde. Seguro que el marica ese no es capaz de
echar tres polvos casi seguidos. Me abandona porque soy muy bueno, esa es
su excusa: - Cariño te portas demasiado bien conmigo lo nuestro no
puede continuar -.
Lo que le pasa es que tiene miedo, como todas las tías. Tiene miedo
a quererme demasiado, tiene miedo a dármelo todo y que yo la pueda
dejar por ser “demasiado buena”. Estáis locas, todas locas.
Nos utilizáis, nos humilláis y luego vais a las amiguitas a
contarles como la tenemos de grande. Sí, eso es lo que mejor sabéis
hacer, reíros de las proporciones del miembro viril, además
no lo hacéis sutilmente no, utilizáis gestos y palabras groseras
dignas de un camionero, ¿qué digo? un camionero sería
más sutil hablando del tamaño de su polla. Si es que deberíais
venir con una guía entre las piernas.
(En su voz se distingue miedo e impotencia) ¡Dios
mío! ¡Me ha dejado!, si yo fuera un cabrón, egoísta,
guapo y rico esto no hubiera pasado, pero les das amor y salen corriendo.
Luego te vienen con la historia del príncipe azul, un chico sencillo,
cariñoso, sincero, simpático... ¡Y una mierda! Lo primero,
que no piden poco y lo segundo, que cuando lo encuentran se dan cuenta de
que estaban equivocadas. Si es que son incompresibles, volubles, inhumanas...
perfectas. Me pregunto que haríamos sin ellas, sin esas caritas de
pena que ponen cuando quieren algo de ti. No concibo el cuarto de baño
sin esas cremas apestosas ni esas toallitas desmaquilladoras, ni tampoco concibo
el tercer cajón de la cómoda vacío de braguitas, sostenes
y tangas diminutos.
Debería aprender a vivir sin una mujer, sin ella, sin mi mujer. ¡Ahora
soy de nuevo soltero joder! Debo aprovecharme de mi condición. Puedo
levantarme un sábado a la hora que quiera, hablar con la boca llena,
hacerme un bocadillo de fiambre para comer aunque no sea sano, dejar el pijama
encima de la silla y no debajo de la almohada, volver a comprarme yo la ropa
interior (Cambia el tono del discurso), limpiar
vasos, platos, ropa, planchar, cocinar, llevar las cuentas de la casa, aficionarme
de nuevo a las revistas para hombres lo cual conlleva desear mujeres que jamás
serán tuyas además de un tremendo desgaste genital, no tener
con quien discutir de fútbol, y sobre todo, ¡Dios mío!
Sobre todo, la puta obligación de comprarme una pecera llena de peces
absurdos, silenciosos y diminutos para comprobar que puedo cuidar de mí
mismo. Dice mi psiquiatra que si los peces duran mas de tres meses me espera
una agradable vida de soltero. Que ridículo soy. He encargado unos
pececillos tropicales que dicen que hacen mucha compañía.
La verdad es que estoy realmente jodido. Podré superarlo, lo sé.
Superé lo del pato que mi madre mató para hacerse con sus plumas
una almohada para el coche, superé mi primera erección espontánea
en Palma de Mallorca, mas tarde superé mi tendencia a eructar cada
vez que alguien me tocaba la mano, y ahora superaré esto. Ella no es
mejor que un pato. El nunca me hubiera abandonado.
De vez en cuando decía que yo estaba loco, que a veces no entendía
muy bien porque actuaba tal y como lo hacia. ¡Porque la quería
coño! ¡La quería! Estaba loco por su culpa, ella me volvió
loco. Era una bruja, la bruja más bella del cuento. Su madre también
era una bruja pero ni punto de comparación. No la hubiera abandonado
por ninguna princesita mona, rica y tonta como ella ha hecho porque me encantaba
levantarme por las mañanas y ver a mi bruja haciéndome el café,
saliendo desnuda de la ducha, hablando con la otra bruja por teléfono,
leyendo algún libro en la terraza... Me encantaba que huyera de mis
brazos cuando hacíamos el amor, el cigarrito de después y sentirla
respirar sobre mi pecho ya dormida... ¡Ay! Fueron buenos tiempos, los
mejores (Se oye el pitido de un timbre y entra una mujer
vestida con un traje de chaqueta y una carpeta en la mano)
Mujer- Esta bien, ya ha acabado su tiempo. ¿Sería tan amable de repetirme su nombre?
Manuel- Manuel Rodríguez Avellán.
Mujer- Muy bien, gracias. Si el jurado determina que realmente reúne usted las cualidades necesarias para pasar a la siguiente fase del casting ya le llamaremos.
-CAE EL TELÓN-