obra nº 5- imprimir
Nunca es tarde
(En
el escenario hay un banco y una escultura pequeña en el centro, rodeada
por unas flores silvestres. A la derecha del escenario hay un travestí-; que
viste minifalda de cuero y una camiseta que deja entrever un gran escote.
Sus zapatos de tacón de aguja son de gran altura, y extrañamente
son muy finos para ser de una persona que dedica a la prostitución
en la calle. Es una mujer de gran altura, delgada y con unas largas piernas
bien formadas. Está fumando un cigarrillo de manera muy femenina, con
mucho cuidado para que el cigarro no cause estragos en el color de sus labios
perfectamente puesto)
(Entra en el escenario una mujer abatida, es joven, pero parece muy cansada. Viste con traje de chaqueta negro y lleva también un velo negro que le cubre el rostro. Viene del entierro de su marido. Se sienta en el banco y se pone a llorar, pero intenta que no se note, porque sabe que está en un espacio público y no quiere que la vean llorar)
travestí- (Da unos pasos moviendo mucho sus caderas y se acerca a la mujer) Disculpa mona, me espantas a la clientela. ¿Te puedes ir a llorar a otra parte?
Viuda- (No se reprime el llanto) ¿Usted también? Usted también me echa? Espero que no se lo tome a mal señor...ita, pero creo que será mejor para mí quedarme aquí, créame.
travestí- (Vuelve a la posición original y se queda mirando a la viuda, que llora sin parar. Al final le da pena y se sienta a su lado) Yo creo que también necesito un descanso. El trabajo está muy mal. No te importa que me haya sentado a tu lado verdad? (La viuda no le contesta) Lo tomaré como que no te importa. Dime mona (se saca un pañuelo de entre su pecho y se lo tiende) ¿qué es lo que te pasa para que me lleves esa cara por la calle?
Viuda- Creo que usted no lo entendería.
travestí-¡Uy tranquila! ¡Si yo estoy curada de espanto! Cuéntamelo guapa, no te lo quedes para ti, que será peor.
Viuda- Está bien. Seré directa con usted. Siento y necesito morirme ya. No soporto más la vida que me ha tocado vivir.
travestí- Dios, eso que dices es muy fuerte cariño, si tú eres muy joven todavía. Que ha sucedido?
Viuda- Mi marido se acaba de morir, pero yo no le quería. (Da media vuelta a su cuerpo, avergonzada por lo que acaba de decir)
travestí-;- Entonces no hay ningún problema, querida, verdad? Seguro que hay algo más que me quieras contar... vamos dímelo. ¿Cómo te llamas?
Viuda- Elena
T- Vale Elena, cuéntamelo. (La recoge por el hombro con cariño)
E- (Vuelve a darse media vuelta y se quita el velo de la cara. Se queda mirando al travestí-;, acerca un poco su cara y le da un gran beso en la boca como con desesperación)
(En un principio parece que el travestí-; lo acepta, pero rápidamente se levanta del banco, rechazándola)
T- Creo que te estás equivocando conmigo. Eso se paga.
(Elena se pone a llorar de nuevo)
Tranquila, no pasa nada (se pone detrás de ella y la coge por los hombros con un poco de duda) Tranquilízate.
(Elena toma aire y deja de llorar)
E- Hace muchos años conocí a una persona, de la que me enamoré, pero esa persona no me correspondía y me casé con el que era mi marido porque él me podía mantener, total (en un arrebato) sólo tenía que ofrecerle mi coño para que él me diera los caprichos que yo quería.
T- ¿Y no has pensado en que puedes conocer a una persona nueva, especial y que te quiera?
E- No me lo he planteado, es muy pronto.
T- Nunca es demasiado pronto para pensar en salir
adelante en los malos momentos.
E- Quizás tengas razón
T- Claro que sí mi amor (Elena la mira, le acaricia la cara. T la acepta)
E- De acuerdo, a partir de hoy le prometo que buscaré una persona con la que pueda compartir todos mis momentos buenos a malos, además, puede que la tenga más cerca de lo que pienso.
(Se levanta del banco y empieza a rodear la escultura) Pero que pasará contigo?
T- A qué te refieres? (Empieza a andar detrás de ella)
E- A que yo te he abierto mi corazón, pero tu vida no digamos que sea ideal.
T- (Se acerca al banco y apoya la pierna en él)
¿Por qué lo dices? Trabajo por cuenta propia, tengo dinero,
sexo, y un cuerpo que envidia media ciudad. (Tono nervioso)
Nos sé a qué te refieres.
E- A que, por ejemplo, ya que acabas de decirme
que tienes dinero, podrías invertirlo en montar alguna empresa, que
te diera una estabilidad financiera. (Elena se acerca
a ella) ¿Tienes un cigarro para mí? Estoy un poco nerviosa.
T- Sí, (Saca una pitillera y le da uno, saca otro para ella) Toma, te voy a acompañar (Levantando el cigarro) que la que me estás empezando a poner nerviosita eres tú. (Le enciende el cigarro a E y enseguida se enciende el suyo) Explícame un poco mejor lo que me estás diciendo que no te entiendo muy bien que digamos, mona.
E- Me refiero, a que, por ejemplo, ¿te gusta la noche?
T- Si bastante, estuve mucho tiempo ligada a ella.
E- Supongo. Pues entonces lo que puedes hacer es montar un pub, sería una buena alternativa, yo podría ser socia tuya, si quieres...
T- (Se queda pensativa) Puede que me lo proponga, porque la verdad es que la calle destroza por dentro a cualquier persona cuando llevas mucho tiempo en esto, y no hay mucho trabajo en las agencias para una mujer como yo. Muchas gracias.
E- Me gustaría tomar un café contigo algún día de estos para conocernos un poco más, a pesar de que sé más de ti de lo que tú te imaginas.
T- De acuerdo, me apetece, y ay me contarás qué significa eso de que sabes más de mí de lo que yo me imagino.
E- Vale. Encantada de verte. (Le tiende la mano, T la acepta, pero la estira suavemente y le da un beso en la boca como el anterior, muy apasionado, agradecido)
(Elena empieza a caminar para salir de la escena. Se gira)
E- Por cierto no me has dicho como te llamas.
T- Me llamo Raquel
(Elena sale del escenario y se escucha el ruido de un motor, un frenado, y un grito de Elena. Ha sido atropellada. Raquel se queda en estado de shock)
Voz en off de un hombre- ¡Dios, la he matado!
(Aparece en escena un chico joven, bien vestido, con americana)
Hombre- ¿Usted la conocía? (Raquel no contesta) ¡Oiga! (Raquel reacciona)
R- (muy bajito) Sí
Hombre- Tu eres... ¡Manuel!
(Raquel se rebota)
Raquel- Manuel murió, yo soy Raquel.
H- Pero antes te llamabas Manuel, ¿verdad?
R- Sí, pero le he dicho que murió.
H- La mujer a la que acaban de atropellar era
Elena Díaz, ¿verdad?
R- Sí
H- Estaba muy enamorada de ti hace muchos años.
R- ¿Cómo?
H- Cuando estábamos en el instituto ella se enamoró tan perdidamente de ti, que al ver que no te conseguía se hizo la cirugía estética y se cambió el nombre para poder seguir viéndote durante todos estos años sin que tú te dieras cuenta.
R- Dios mío. (Se va al banco y se sienta. Apoya su brazo en la rodilla para apoyar la cabeza en su mano, como intentando asimilar lo que el hombre le está contando)
H- Casi se vuelve loca, pero tu le dabas el aliento para continuar viviendo al lado del hijo de puta de su marido.
R- Déjalo ya por favor
H- De acuerdo, pero... una cosa más... necesito que me hagas un favor... del tipo que tú ya sabes. En el instituto siempre me gustaste, como Manuel, y por lo menos sigues manteniendo la parte de su cuerpo que a mí me interesa. (Raquel lo mira con rabia. Se levanta del banco y se aproxima a la salida del escenario)
R- Lo siento. He dejado la calle, a partir de hoy soy una simple empresaria más. Adiós, y no intentes nada porque en estos momentos soy capaz de matarte.
(Raquel sale del escenario y se queda el hombre perplejo en el mismo. Se apaga la luz)
FIN