obra nº 3- imprimir
Mortalmente divino
Personajes:
Dios, Muerte
Al abrirse el telón se puede observar lo que sería una típica oficina de hombre de negocios adinerado, con la característica de que todos los muebles son blancos o azul celeste. En el escritorio, hay un hombre trabajando, de larga barba blanca y una túnica, es DIOS. Llaman a la puerta.
DIOS: Adelante, está
abierto.
(Entra un ser vestido de negro de la cabeza a los pies,
y con la cara palidísima, o blanca. Lleva en sus manos una guadaña.
No hace falta decir quien es)
MUERTE: Buenos días
jefe.
DIOS: Buenos días, ¿Qué desea?
MUERTE: No deseo, exijo.
DIOS: (Primero sorprendido,
luego irritado) ¿Exigir? ¿Quién eres tú
para exigir? (Suena un trueno. Muerte se estremece)
MUERTE: Pues creo que soy alguien indispensable
en su empresa, y creo que merezco un aumento de sueldo.
DIOS: Jajajajaja. Aquí sólo hay un
ser indispensable: YO. ¿Para que quieres un aumento?
MUERTE: Muy simple: Trabajo TODOS los días
recorriéndome el mundo, y vuelvo siempre cargado, además, veo
cosas muy desagradables, y mi ropa huele a podrido… ¡Y el vecino
de abajo me trata mal!
DIOS: (Paternalmente) Ya
sabes como es “Satanín”, es un poco… travieso…
además, también recorren todo el mundo Melchor, Gaspar y Baltasar.
MUERTE: Sí, pero ellos trabajan sólo
una vez al año, y son tres. Además, su ropa huele a incienso
y a mirra… ¡Y tiene bordados de oro, y bonitos colores!
DIOS: Sí, pero trabajan con niños…
que estresan más que los muertos, no me lo negarás.
MUERTE: (viéndose acorralado)
Bueno, ¡pero soy indispensable! ¿O no?
DIOS: Pues no. Si yo quisiera, todos serían
inmortales. ¡Eres un recomendado! ¿Por qué te crees que
no he provocado aún el Día del Juicio Final? ¡Sería
tú último gran trabajo!... Y después, a la calle.
MUERTE: Vale, una cosa es darme trabajo, y otra,
es esclavizarme.
DIOS: ¿Esclavizarte, cómo?
MUERTE: Pues primero creó a los romanos,
que ahí se pasó un rato… me hizo ir hasta a por su hijo…
Y cuando la cosa parecía tranquila, hace a Hitler… ¡Y ahora
a los americanos, ingleses y españoles! ¡Es que no doy a basto!
¡Y usted ahí, sin hacer nada!
DIOS: ¿Nada? ¿Y mi jornada intensiva
de 7 días?
MUERTE: Anda… que se va a herniar…
DIOS: Pues mira, desaparece de mi vista, o los
hago a todos inmortales. Te lo juro por mí.
MUERTE: ¡Vale, me voy! ¡Pero al sindicato!
¡Fascista! (Se va)
DIOS: ¡Ay, qué juventud!...
(OSCURO)